En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Es palabra del Señor
REFLEXION
En el capítulo 5º del evangelio de Mateo, Jesús muestra a sus seguidores cuáles son sus líneas generales en el anuncio del Reino de Dios. Sube al monte y comienza con las Bienaventuranzas, a lo que sigue una actualización de muchos de los preceptos que los judíos tienen en la Torá, dando una nueva visión de los mismos.
En el fragmento que hoy contemplamos, Jesús nos pide una de las cosas más difíciles, desde el punto de vista humano, ya que se enfrenta a la reacción provocada por los instintos más genuinos del hombre, nos pide amar a los que nos provocan daño, nos odian o nos persiguen, cuando nuestro instinto natural sería totalmente contrario.
Da una serie de razones para justificar su aseveración, pues el Padre celestial hace salir el sol para malos y buenos, y manda lluvia sobre justos e injustos; si sólo amamos y tratamos a nuestros amigos, no tiene ningún mérito, lo realmente difícil es lo contrario.
Jesús nos pide que no nos dejemos arrastrar por nuestros instintos naturales. Él sabe de sobra que anular nuestros instintos es prácticamente imposible, pero lo que nos pide es que no respondamos de la misma manera a los que nos agreden de cualquier forma. Que hagamos un ejercicio de templanza y, siguiendo su ejemplo, perdonemos a los que nos ofenden y no respondamos con nuestra ira.
Nos anima a intentar ser perfectos, ya que el Padre es perfecto, y esa perfección únicamente se alcanza sirviendo a Dios con un corazón perfecto, basado en la fe y en la justicia, es decir, amando a Dios con todas nuestras fuerzas, lo que nos permitirá crecer en nuestro camino de fe. Y así conseguiremos amar a nuestros enemigos enfocando a la perfección del amor y de la misericordia.
¿Nos dejamos llevar por nuestros instintos o confiamos que Dios nos ayude a resistirnos a los mismos? ¿Cuán difícil nos resulta perdonar?



