Uno de los momentos en los que mejor presentimos y constatamos la presencia del Espíritu vivo y activo en nuestra historia es cuando nos juntamos a celebrar la Cena del Señor. En este domingo de Pentecostés, el Espíritu nos vuelve a unir como comunidad en torno al altar para darnos vida y reavivar en nosotros los dones de la alegría y la paz.
En esta ocasión celebramos la solemnidad de Pentecostés el día 24 de mayo, fecha señalada en el calendario de la Familia Dominicana como memoria de nuestro padre y fundador Santo Domingo de Guzmán, en la que recordamos el momento en el que su cuerpo fue trasladado a un nuevo sepulcro. Por ello, en las pautas para la homilía se recogen algunas alusiones más específicas a la espiritualidad dominicana.