Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Para entender bien este texto evangélico es necesario fijarse en que Jesús se dirige a “los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores”. Público tan relevante para los judíos, como hostil a Jesús.
Aunque utilizando una parábola, Jesús no puede hablar más claro. ¡Y bien que lo entendieron las autoridades judías! Se sienten tan interpelados, tan molestos, que si no es por miedo a la gente. dice el texto, le “hubieran echado mano”. Esta vez se fueron, pero acabarían “echándole mano” y lo entregarían a la autoridad política para que fuera ejecutado.
Recordando lo que hemos considerado en el comentario de la primera lectura, el criterio de esa selecta representación de la religión judía, su criterio eran sus intereses, su relevancia religiosa y social. Tan fuerte era ese criterio que los llevó a eliminar a quien podría rebajar esa relevancia.
Necesitamos la honradez a la que aludía la primera lectura para analizar cuál es el criterio que rige nuestras opciones vitales. Es fácil engañarnos, no ser honrados con nosotros mismos. Es necesario la gracia de Dios para conseguir esa honradez. Una gracia de Dios -su ayuda-, que, como he indicado, nos viene al acudir a Jesús, tal como nos los presentan los evangelios.
Podíamos platearnos cada uno: ¿somos honrados con nosotros míos a la hora de ver qué criterio determina nuestra conducta?



