En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Y se quedaron admirados.
Es palabra del Señor
REFLEXION
San Marcos nos pinta una escena que debió producirse en muchas ocasiones: los fariseos van a la caza de Jesús mediante trampas basadas en la ley, en la ortodoxia judía. Se acercan aduladores para lanzar su dardo ¿Dios o el César? Pero la respuesta que reciben los deja sin palabras: a cada uno lo suyo.
En la vida no todo es negro o blanco, hay una inmensa gama de grises y para todos hay lugar. Dios debe ser el centro de nuestra vida, nuestro pilar, pero vivimos en distintas sociedades en las que debemos cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos, pero siempre dejando claro que nuestra conciencia deberá estar por encima de las injusticias de los hombres.
Y ahora me gustaría lanzar una pregunta ¿Cuantas veces hemos sido como los fariseos y hemos intentado “pillar a Jesús”? ¿En cuantas ocasiones, para justificar nuestros actos, hemos utilizado la moneda del César?: “Si hago esto es por obligación, si no hago aquello es porque me obliga el Estado, si he obrado así es porque todos los hacen…” Y mirando al cielo hemos exclamado “Señor es que hay que pagar el impuesto del César” Lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos.
A Dios los que es de Dios, sin mezclar unas cosas con otras, con el Evangelio en una mano y el periódico en la otra, pero sabiendo que las cosas del alma están por encima de las del mundo. Ser buen cristiano implica ser buen ciudadano y ambas cosas no están reñidas. Aquellos fariseos que intentaron tender una trampa a Jesús se debieron retirar llenos de frustración y con la lección aprendida: toda moneda tienes dos partes, la cara que es el César y la Cruz que es Cristo.



