Es palabra del Señor
REFLEXION
La sal, la luz en el candelero, la ciudad en lo alto del monte son signos con lo que el Señor nos quiere explicar que la Fe necesariamente es testimonio de vida para que sea auténtica, que no basta aceptar unas verdades, cumplir unos mandamientos o asistir a unos cultos. La Fe es un Sí a un Dios que da sentido, alegría y esperanza, a un Dios que por Amor se hace hombre y es capaz de dar la Vida por nosotros…
Aceptar esta Fe en mi vida es lo que me impulsa a “ser sal”, es decir, a no conformarme con la mediocridad de una sociedad donde cada uno va a lo suyo, aunque en el fondo siempre están insatisfechos: son sosos por inercia.
Vivir esta Fe es lo que me anima a “ser luz” y que no me importe si con ello me ponen en un celemín o incluso se me vea en lo alto de un monte. Los primeros cristianos, según la carta a Diogneto, eran testimonios de amor y verdad entre los paganos, que se asombraban de sus actitudes y comportamientos. Como explica fray Bernardo Sastre: "Iluminar no es lo mismo que brillar. El cristiano luce, no se luce"
Ciertamente nada de esto es fácil y menos aún en la sociedad donde vivimos, pero al menos debe quedar en nosotros la humilde aspiración a intentarlo en la esperanza de que el Señor, como a la viuda de Sarepta, no va a dejar que se nos acabe el pan y el aceite.
PARA LA MEDITACIÓN
«Jesús nos urge a que seamos luz para la sociedad. El mismo que dijo: «Yo soy la luz», nos dice ahora «vosotros sois la luz del mundo». La luz de Cristo es la luz de la fe, la luz de la vida que nace con más fuerza justo en el momento de la muerte; la luz del amor que se hace pleno cuando es capaz de la renuncia total; la luz de la confianza, de la esperanza que se mantiene siempre viva; la luz de la bienaventuranza descubierta en la pobreza o en la persecución; la luz de Cristo y este crucificado. Pero una luz que se esconde no sirve para nada. El siguiente ejemplo que pone el Señor nos ayuda a entender cuál es nuestra misión: ser como una ciudad edificada sobre un monte, que siempre se ve, que es como punto de referencia y sirve de orientación para los que se encuentran medio perdidos en el camino. Eso mismo debemos ser los cristianos en medio de este mundo complicado y oscuro, deberíamos ser faros, casa acogedora para todos los que andan perdidos en busca de luz, de verdad, de amor.»
(José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena)



