En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».
Es palabra del Señor
REFLEXION
En el Evangelio de este día, el Señor nos invita a elegir el amor siempre, por encima de todas las cosas. Más allá del impulso de nuestras pasiones, de la ira, la agresividad, los juicios, los rencores y los deseos de venganza, que se imponga nuestra libertad: somos cristianos, somos hijos de Dios, trabajamos por la paz, permanecemos en el amor y vencemos al mal a fuerza de bien. Queremos complacer a nuestro Padre, y lo que él desea ardientemente es ver a sus hijos unidos; allí manda la bendición, la vida eterna (Cf. Sal 133, 1).
El Señor nos ha colmado a cada uno de nosotros con su misericordia y ahora nos pide que demos gratis lo que hemos recibido gratis. Si no estamos dispuestos a hacer esto, a tener compasión de nuestro hermano como Dios la tuvo de nosotros, ¿cómo osaremos presentarnos ante él con ofrendas para pedirle perdón, reconciliación y comunión, pretendiendo alabarle y agradecerle como si fuéramos personas que cumplen su voluntad?
“Tienes razón, Maestro… amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”, le dijo un escriba a Jesús en cierta ocasión, y él le respondió: “No estás lejos del Reino de Dios” (cf. Mc 12, 32-34). Esto es lo que nos acerca a Dios, a su corazón; lo que nos introduce en la gloria.
Mientras vamos de camino en esta vida, muchos nos ponen pleito: son tantos los que reclaman nuestro amor, nuestra atención; los que mendigan una palabra de aliento, un trozo de pan, un poco de compañía, una mano amiga, una oración solidaria… Como san Bernabé, seamos dóciles al Espíritu Santo, que nos llena del amor de Dios, y sigamos el camino de Jesús, perdonando y haciendo el bien. Que brille en nosotros la justicia de los hijos de Dios y que, viéndolo, una multitud considerable se adhiera al Señor.



