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DOMINGO 07-06-2026 SOLEMNIDAD DE CORPUS CRISTI

 





Todavía resuena en nuestro corazón y en nuestra memoria el eco de las palabras de la despedida que escuchábamos en la tarde/noche del Jueves Santo, pero percibidos ahora no desde la angustia y el miedo a la pasión y la muerte sino desde la alegría de la vida nueva del resucitado. Cada día, cada domingo hacemos memoria de Jesús en la celebración de la misa. Hoy, de manera especial, nuestra atención se centra en el misterio de la presencia real del Señor en el pan y el vino de la eucaristía. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”. 

No se trata tanto de explicar el sacramento sino de reavivar, desde la fe, nuestro asombro y adoración ante el misterio eucarístico.  “La presencia del verdadero cuerpo y sangre de Cristo, no se conoce por los sentidos, sino por la fe, que se apoya en la autoridad de Dios” nos recuerda santo Tomas. Recibirlo a Él bajo los signos sacramentales del pan y del vino dejan ocultas preciosas realidades que la razón no alcanza a entender, pero el corazón adhiere y celebra lo que recibe como don.

Para descubrir el verdadero significado de la celebración eucarística, Jesús nos invita a comer y beber su cuerpo y sangre. Comer es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta comunión, este acto de «comer», es realmente un encuentro entre dos personas, es un dejarse penetrar por la vida de Aquel que es el Señor; de Aquel que es mi Creador y Redentor. El objetivo de esta comunión es la asimilación de mi vida con la suya, mi transformación y configuración con quien es Amor vivo. Por ello, la comunión implica la adoración, la acción de gracias, pero fundamentalmente implica la voluntad de seguir a Cristo, dejándome transformar por Él. Misterio maravilloso de cristificación de nuestras vidas, de vaciamiento y plenitud de vida plena.

“¡Oh Sagrado banquete en que Cristo es nuestra comida..!”

Fray José Hernando O.P.

Fray José Hernando O.P.
Convento de San Juan de Letrán (La Habana, Cuba)

Nací en un pueblo cerca de Caleruega en 1952. Estudié con los dominicos en Villava (Pamplona) y terminé el bachillerato en la Virgen del Camino (León). Tras estudiar Filosofía y Teología, partí hacia República Dominicana el 7 de octubre de 1978. He sido vicario en dos ocasiones y ahora en el nuevo Vicariato Pedro de Córdoba en Cuba y República Dominicana. Estuve a cargo de la iglesia del convento de Santo Domingo y he sido parte del Centro de Estudios Institucionales de Teología y desde 2024 resido en Cuba. En el Caribe he vivido huracanes, terremotos, huelgas generales, penurias y carencias... pero también he conocido la solidaridad y la bondad de su gente, el valor de la amistad y el compromiso, la acogida cariñosa y la alegría.