Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».
Es palabra del Señor
REFLEXION
Este pasaje del evangelio es el final de la “Oración sacerdotal”. Jesús, Sacerdote eterno, Mediador entre Dios y los hombres, ora no sólo por sus discípulos sino por todos nosotros. Su deseo es que seamos uno como él y el Padre son uno; que estemos unidos para que el mundo crea.
Meditando estas palabras me doy cuenta de la enorme diferencia del deseo de unidad de Jesús y nuestros deseos de “unidad”. En nuestro deseo de unidad todo gira en torno a nosotros mismos: que estemos unidos, que piensen como yo y decidan lo que yo quiero… El deseo de Jesús es más profundo, es comunión y amor: “Que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí… para que sepan que tú los amas como me amas a mí ”. Ese amor y esa comunión en Él es lo que nos permitirá estar unidos a pesar de las diferencias. Ese amor y esa comunión en Él y entre nosotros es lo que hará que el mundo crea en Jesucristo.
Jesús desea que estemos con Él, que contemplemos su gloria y que conozcamos al Padre para que el amor trinitario esté en nosotros. Sólo sumergiéndonos en el amor del Padre y del hijo en el Espíritu podremos amarnos unos a otros y permanecer unidos.
Oración
Gracias, Señor, por orar por mí e interceder por mí ante el Padre. Gracias porque nos has revelado tu deseo: que seamos uno en ti para que el mundo crea; que el mundo sepa cómo nos ama el Padre; que estemos contigo y contemplemos tu gloria. También yo quiero manifestarte mi deseo: permanecer siempre en tu amor. Sólo si permanezco en tu amor se dilatará mi capacidad de amar y podré vivir en la comunión con todos. Sólo si permanezco en tu amor, mi amor será consistente y menos egoísta. Sólo permaneciendo en tu amor, que comprende y perdona, hallaré el amor verdadero y todos creerán en él. Por eso te pido, Señor, que le des vida a mi amor con tu vida. AMÉN



