Palabra del Señor
REFLEXION:
Quique Martínez de la Lama-Noriega,
cmf
Palabra del Señor
REFLEXION:
Quique Martínez de la Lama-Noriega,
cmf
REFLEXION:
“Es Él, no
temamos”. Así nos habla el evangelio de hoy y tantas otras veces que se pone
esta petición en labios de Jesús: “soy Yo, no tengáis miedo”. Vivir en medio de
tormentas y con más noche que día es algo por lo que todos pasamos. Forma parte
de la vida. Los discípulos de Jesús lo vivieron con Él en persona: ir en una
pequeña barca por la noche, que el lago se encrespe y se ponga a soplar el
viento fuerte, no es una situación agradable. Los discípulos sintieron miedo;
supongo que se sintieron solos, desprotegidos. Porque Jesús no estaba.
Tanto miedo tenían
que no le reconocieron cuando se acercó y, ciertamente, ¿quién no lo haría si
ve acercarse una figura humana caminando sobre el lago?
Cada uno sabemos de
nuestros propios miedos. Las primeras comunidades enseguida lo experimentaron
también: los griegos se incomodaban por unas cosas, los de origen hebreo por
otras… Estaban empezando y ya se generaban tensiones. La respuesta fue
establecer una nueva estructura o al menos fue una decisión que dio lugar a un
nuevo estamento, el de los diáconos. Quizá las cosas serían distintas si
hubieran entrado a dialogar el problema de fondo, el malestar entre los de un
lado y los de otro, en lugar de establecer nuevas normas. O quizá las cosas
hubieran sido muy distintas si no se les hubiera ocurrido separar el servicio
por un lado y la oración y el servicio a la Palabra, por otro. ¡Quién sabe!
En todo caso, en
cada momento, reaccionamos a los peligros, inseguridades y temores, como mejor
podemos hacerlo en ese momento. A veces nos equivocaremos, otras no tanto. Lo
importante será que siga creciendo la vida y la presencia del Resucitado por
todo el mundo. Y aún más otra cosa: que nunca olvidemos que el único que
realmente puede quitarnos el miedo y dar seguridad a nuestra vida y nuestra
Iglesia es Él (Yo Soy). Las estructuras, grupos, nombramientos y planes que
hagamos, si son buenos, sólo serán secundarios.
Vuestra hermana en
la fe,
Rosa Ruiz rmi
Palabra del Señor
REFLEXION
Este relato
aparece reflejado en los cuatro evangelios. Más o menos tienen el mismo
contexto. En todos ellos parte del hecho de que Jesús “tuvo compasión”, es
decir, ante la situación de las personas y ante el despoblado y que era tarde,
Jesús movido por compasión, invitó a compartir.
Este signo o
milagro en San Juan sirve al evangelista para el discurso donde Jesús se
identifica como el pan de vida. Quizá por eso la liturgia nos lo ponga en este
tiempo pascual, pues la presencia del Resucitado la descubrieron en el partir y
compartir el pan, es decir en la Eucaristía.
El relato es
una catequesis y una experiencia de vida. Jesús invita a sus discípulos a que
descubran lo que tienen, no solo ellos, sino todos los que están reunidos.
Parece, aparentemente poco, pero cuando se comparte entre todos, llega para
todos y sobra. Muchas veces en nuestra vida hemos experimentado esta realidad.
Poner en común lo que se tiene para el servicio de los demás tiene efecto
multiplicador, siempre que sea como una exigencia de compasión. Una exigencia
de humanización Es demostrar nuestro seguimiento de Jesús.
¡Es una pena
que esto no se dé y aún haya personas que pasen hambre, necesidad y otros
malgastemos y tiremos nuestros alimentos! Poniéndolos al servicio de la
humanidad, llega para todos y sobra.
El contacto
con Jesús y el ejemplo de los discípulos, que empujó a poner cada uno lo que
poseía para poderlo compartir, es una manera de cumplir la misión eclesial.
Nuestra misión es de servicio a la humanidad y prestamos el servicio, cuando somos
conscientes de cuáles son las necesidades de las personas, en qué situaciones
están nuestros hermanos y hermanas, cuáles son nuestros medios. Quitar nuestros
miedos y egoísmos y responder, como Jesús, desde la compasión y la generosidad.
Ese es el signo
que estamos llamados a realizar. Contamos con la ayuda de Dios Padre, como
Jesús que contó con la ayuda del Padre Dios.
Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

REFLEXION:
Vuestra hermana en
la fe,
Rosa Ruiz rmi
REFLEXION:
Todos hemos experimentado alguna vez la diferencia entre vivir encarcelados o liberados. En las cosas más sencillas y cotidianas. Seguramente todos tenemos que pasar por ambas experiencias. Lo importante es distinguirlas bien y no confundir lo que nos encierra con lo que nos abre y lanza a la vida. A veces la vida nos pone en situaciones similares. Rebelarse no soluciona mucho. Pero sí elegir la libertad y aprovecharla siempre que podamos. Nos jugamos mucho, porque como dice el libro de los Hechos hoy, lo propio de la Iglesia es explicar al pueblo palabras de vida. Predicar la vida siempre será incómodo para los carceleros, para quienes nos quieren callados y encerrados. Pero lo nuestro es predicar la vida. Cualquier precepto, norma, rito o mandato que atente contra la vida, no es de Dios. Al menos del Dios de Jesús el Cristo. Este Jesús, Hijo de Dios que no vino a nosotros para condenarnos ¡sino para darnos vida abundante! El juicio encierra, crea bandos, empequeñece, asusta, nos pone a la defensiva. La vida que es amor abre, da luz, nos hace creativos, fraternos, amables…
Podría ser uno de
los criterios que nos ayude a discernir quién o qué nos encarcela y quién o qué
nos libera. Porque quien nos da libertad, nos ama. Quien nos ama, nos quiere
libres. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo” para que vivamos.
REFLEXION
El Evangelio continúa el pasaje de ayer, el encuentro entre Nicodemo y Jesús. Y nos sigue invitando a nacer de nuevo, a dejar lo viejo que hay en nosotros: cuando esto ocurre, el Espíritu nos lleva y se produce el milagro, nos acercamos al horizonte que anhelamos y que tan improbable nos resulta.
Para nuestro modo de razonar, en esos momentos, ¡todo debería encajar! ¡Tendríamos que vivir con una certeza y una luz que nos diera paz y nos quitara todo temor! Porque estamos naciendo del agua y del Espíritu, estamos dejándonos llevar por Él.
Pero no es así. Lo
propio de ser llevados por el Espíritu es sentir que no sabemos apenas nada, ni
de dónde venimos ni a dónde vamos… ¡tantas veces! Quizá, como reprocha Jesús a
Nicodemo, no es fácil de entender para los maestros, los que creemos tenerlo
todo claro y enseñar a otros… Quizá lo que se nos pide es que creamos, que nos
fiemos. Poco más. Y el que cree se confía, hace de su vida una respuesta a
quien es digno de ella.
Si quieres tener la
seguridad de un maestro, posiblemente seas incapaz de soportar la inseguridad
amable de quien es llevado por Dios. ¿No me creéis?, nos repite de nuevo hoy
Jesús a cada uno de nosotros. Y siempre tenemos la oportunidad de renovar
nuestra fe, nuestra vida y nuestra respuesta.
Vuestra hermana en
la fe,
Rosa Ruiz rmi
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios».
REFLEXION:
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
"Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén."
La Resurrección del
Señor nos trajo una vida nueva, por la que él vive en nosotros por su Espíritu.
Hay un llamado claro a creer, a abrir de par en par la puerta del corazón para
que el inmenso don de la Reconciliación traída por Cristo, entre en la vida de
cada uno de nosotros.
Cristo Resucitado,
está con nosotros. Acompaña, con su poder, la marcha de la historia. El Señor
Jesús está presente en la comunidad de los creyentes, en la Palabra de Dios, en
el servicio fraternal, en el misterio y en la Eucaristía. Con fe, esperanza y
caridad, vivamos la vida nueva que nos trae el Señor Jesús Resucitado.
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García