17/4/21

EVANGELIO DOMINGO 18-04-2021 LUCAS 24, 35-48 TERCER DOMINGO DE PASCUA

                                      

         

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.
Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra del Señor

REFLEXION:

El texto evangélico de este domingo nos presenta a los discípulos llenos de dudas, ante la repentina presencia de Jesús resucitado ."Pero Jesús les dijo: –¿Por qué estáis asustados? ¿Por qué tenéis estas dudas en vuestro corazón? ... Les enseñó las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo...". Parece que Jesús se asombra ante la reacción de sus amigos.
     Ante esta pregunta de Jesús, muchos hombres y mujeres de hoy desplegarían una larga lista de motivos para dudar, para no terminar de creer. La situación sanitaria que estamos pasando ha servido para que algunos profundicen, retomen, fortalezcan y renueven su fe. Pero también se han multiplicado los hermanos que se han ido llenando de dudas, o dicen estar perdiendo la fe, como consecuencia de su desconcierto ante la falta de respuesta de Dios, o por haberse alejado temporalmente de la práctica religiosa... y no saber cómo recuperarla, e incluso... si realmente la necesitan para algo.
     Ciertamente que ya pasaron los tiempos de «creer a ciegas». El haber sentado en un trono a la razón y la ciencia, y el no ser ya (si es que alguna vez lo fue) la fe algo generalizado en el ambiente social, e incluso que se mire con recelo, sospecha y hasta rechazo a quienes se dicen llamar creyentes... El haber confundido las prácticas religiosas y las tradiciones sociales con la auténtica fe... han puesto las cosas más difíciles a eso de ser creyentes.
Por eso, lo primero podemos afirmar que la fe no es nunca una certeza absoluta. Que lo normal es tener dudas.  Nadie, que de verdad se haya arriesgado a creer, puede decir que alguna vez no lo han sorprendido las dudas frente a las verdades que confiesa y y que han formado parte de su vida. Según vamos avanzando en la vida y vamos acumulando experiencias, aparecen unas dudas y otras. La biografía de grandes creyentes de nuestra historia así nos lo muestran. Recordemos cómo San Juan de la Cruz hablaba de la "noche oscura del alma". O cómo Madre Teresa de Calcuta confesaba haber tenido dudas terribles durante muchísimos años. O Unamuno (entre otros muchos) en permanente lucha entre el creer y el no creer, que dejar como epitafio : «Méteme Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar. Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».
    Las dudas no se pueden confundir con la falta de fe. La acompañan y empujan a madurar y buscar. Sólo quien duda, avanza. No pocas veces el problema está más bien en nuestras falsas ideas y expectativas sobre Dios. Como los de Emaús es que «nosotros esperábamos, creíamos...» y resulta que la cosa se les había quedado en nada.
Lucas insiste en que no podemos «entender» a Jesús si desconocemos las Escrituras. No se trata sólo (aunque también ayuda) de tener unos mínimos conocimientos de su lectura e interpretación (esta es tarea pendiente de buena parte de los cristianos). Sino de aprender a poner en relación lo que estamos viviendo con la Palabra escrita. Aquello que dice tan bellamente un Salmo: «Lámpara es tu Palabra, Señor, para mis pasos, luz en mi sendero».
Muchos de nosotros tendremos que seguir creyendo a tientas, entre dudas y búsquedas  permanentes, pero sin asustarnos ni huir de ellas. Y si acaso gritaremos, como aquel padre que pedía la curación de su hijo:“¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!” (Mc 9,24).

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

16/4/21

EVANGELIO SABADO 16-04-2021 JUAN 6, 16-21 SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

                                          

   Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio adonde iban.
Palabra del Señor

REFLEXION:

“Es Él, no temamos”. Así nos habla el evangelio de hoy y tantas otras veces que se pone esta petición en labios de Jesús: “soy Yo, no tengáis miedo”. Vivir en medio de tormentas y con más noche que día es algo por lo que todos pasamos. Forma parte de la vida. Los discípulos de Jesús lo vivieron con Él en persona: ir en una pequeña barca por la noche, que el lago se encrespe y se ponga a soplar el viento fuerte, no es una situación agradable. Los discípulos sintieron miedo; supongo que se sintieron solos, desprotegidos. Porque Jesús no estaba.

Tanto miedo tenían que no le reconocieron cuando se acercó y, ciertamente, ¿quién no lo haría si ve acercarse una figura humana caminando sobre el lago?

Cada uno sabemos de nuestros propios miedos. Las primeras comunidades enseguida lo experimentaron también: los griegos se incomodaban por unas cosas, los de origen hebreo por otras… Estaban empezando y ya se generaban tensiones. La respuesta fue establecer una nueva estructura o al menos fue una decisión que dio lugar a un nuevo estamento, el de los diáconos. Quizá las cosas serían distintas si hubieran entrado a dialogar el problema de fondo, el malestar entre los de un lado y los de otro, en lugar de establecer nuevas normas. O quizá las cosas hubieran sido muy distintas si no se les hubiera ocurrido separar el servicio por un lado y la oración y el servicio a la Palabra, por otro. ¡Quién sabe!

En todo caso, en cada momento, reaccionamos a los peligros, inseguridades y temores, como mejor podemos hacerlo en ese momento. A veces nos equivocaremos, otras no tanto. Lo importante será que siga creciendo la vida y la presencia del Resucitado por todo el mundo. Y aún más otra cosa: que nunca olvidemos que el único que realmente puede quitarnos el miedo y dar seguridad a nuestra vida y nuestra Iglesia es Él (Yo Soy). Las estructuras, grupos, nombramientos y planes que hagamos, si son buenos, sólo serán secundarios.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz rmi

15/4/21

EVANGELIO VIERNES 16-04-2021 JUAN 6, 1-15 SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

   


                 En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor  

 REFLEXION

Este relato aparece reflejado en los cuatro evangelios. Más o menos tienen el mismo contexto. En todos ellos parte del hecho de que Jesús “tuvo compasión”, es decir, ante la situación de las personas y ante el despoblado y que era tarde, Jesús movido por compasión, invitó a compartir.

Este signo o milagro en San Juan sirve al evangelista para el discurso donde Jesús se identifica como el pan de vida. Quizá por eso la liturgia nos lo ponga en este tiempo pascual, pues la presencia del Resucitado la descubrieron en el partir y compartir el pan, es decir en la Eucaristía.

El relato es una catequesis y una experiencia de vida. Jesús invita a sus discípulos a que descubran lo que tienen, no solo ellos, sino todos los que están reunidos. Parece, aparentemente poco, pero cuando se comparte entre todos, llega para todos y sobra. Muchas veces en nuestra vida hemos experimentado esta realidad. Poner en común lo que se tiene para el servicio de los demás tiene efecto multiplicador, siempre que sea como una exigencia de compasión. Una exigencia de humanización Es demostrar nuestro seguimiento de Jesús.

¡Es una pena que esto no se dé y aún haya personas que pasen hambre, necesidad y otros malgastemos y tiremos nuestros alimentos! Poniéndolos al servicio de la humanidad, llega para todos y sobra.

El contacto con Jesús y el ejemplo de los discípulos, que empujó a poner cada uno lo que poseía para poderlo compartir, es una manera de cumplir la misión eclesial. Nuestra misión es de servicio a la humanidad y prestamos el servicio, cuando somos conscientes de cuáles son las necesidades de las personas, en qué situaciones están nuestros hermanos y hermanas, cuáles son nuestros medios. Quitar nuestros miedos y egoísmos y responder, como Jesús, desde la compasión y la generosidad.

Ese es el signo que estamos llamados a realizar. Contamos con la ayuda de Dios Padre, como Jesús que contó con la ayuda del Padre Dios.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)


14/4/21

EVANGELIO JUEVES 15-04-2021 JUAN 3, 31-36 SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

                                               

                                               
                            El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. 
                           El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

                                     Palabra del Señor

REFLEXION:

Nos habían ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre. ¿Qué tuvo tanta fuerza como para transgredir la orden de sus legítimas autoridades y llenar la ciudad de su enseñanza?
“Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»”. Y por si fuera poco afirman que Dios les da su Espíritu Santo porque han obedecido. Es curioso porque pareciera mentira que alguien que intenta escuchar a Dios, obedecerle aunque le traiga problemas, y recibe el Espíritu Santo para confirmarle en su decisión,  pueda crispar tanto a las autoridades legítimas. “Al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos”, nos dicen.
¿Dónde está el límite entre ser fiel a Dios y desobediente a las autoridades o a la tradición o a lo que socialmente se espera que hagas? ¿Cómo distinguir esa línea fina entre la libertad que da el Espíritu Santo y la soberbia de quien se cree mejor que los demás, especialmente los que tienen mayor experiencia y gobierno?
Es difícil. Mucho. Quizá, como ocurrió con Jesús, solo podemos saberlo después, cuando ya no se puede rehacer nada. Se trata de dar la vida, con honestidad, aun cuando todo sea fácilmente interpretable desde claves incluso contradictorias.
Por eso no siempre dar testimonio es creíble. No siempre es fácil aceptarlo. Así lo dice hoy Jesús en el evangelio. Quizá sólo nos queda una certeza: sea como sea, “el Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano”. Al final, sólo nos quedará el amor. Y como bien dijo el teólogo von Balthasar, “sólo el amor es digno de fe”.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz rmi

13/4/21

EVANGELIO MIERCOLES 14-04-2021 JUAN 3, 16-21 SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

                                          

     
    Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor

REFLEXION:

Todos hemos experimentado alguna vez la diferencia entre vivir encarcelados o liberados. En las cosas más sencillas y cotidianas. Seguramente todos tenemos que pasar por ambas experiencias. Lo importante es distinguirlas bien y no confundir lo que nos encierra con lo que nos abre y lanza a la vida. A veces la vida nos pone en situaciones similares. Rebelarse no soluciona mucho. Pero sí elegir la libertad y aprovecharla siempre que podamos. Nos jugamos mucho, porque como dice el libro de los Hechos hoy, lo propio de la Iglesia es explicar al pueblo palabras de vida. Predicar la vida siempre será incómodo para los carceleros, para quienes nos quieren callados y encerrados. Pero lo nuestro es predicar la vida. Cualquier precepto, norma, rito o mandato que atente contra la vida, no es de Dios. Al menos del Dios de Jesús el Cristo. Este Jesús, Hijo de Dios que no vino a nosotros para condenarnos ¡sino para darnos vida abundante! El juicio encierra, crea bandos, empequeñece, asusta, nos pone a la defensiva. La vida que es amor abre, da luz, nos hace creativos, fraternos, amables…

Podría ser uno de los criterios que nos ayude a discernir quién o qué nos encarcela y quién o qué nos libera. Porque quien nos da libertad, nos ama. Quien nos ama, nos quiere libres. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo” para que vivamos.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz rmi



12/4/21

EVANGELIO MARTES 13-04-2021 JUAN 3, 5a 7b-15 SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

 

                 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó:
«¿Cómo puede suceder eso?».
Le contestó Jesús:
«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

Palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio continúa el pasaje de ayer, el encuentro entre Nicodemo y Jesús. Y nos sigue invitando a nacer de nuevo, a dejar lo viejo que hay en nosotros: cuando esto ocurre, el Espíritu nos lleva y se produce el milagro, nos acercamos al horizonte que anhelamos y que tan improbable nos resulta.

Para nuestro modo de razonar, en esos momentos, ¡todo debería encajar! ¡Tendríamos que vivir con una certeza y una luz que nos diera paz y nos quitara todo temor! Porque estamos naciendo del agua y del Espíritu, estamos dejándonos llevar por Él.

Pero no es así. Lo propio de ser llevados por el Espíritu es sentir que no sabemos apenas nada, ni de dónde venimos ni a dónde vamos… ¡tantas veces! Quizá, como reprocha Jesús a Nicodemo, no es fácil de entender para los maestros, los que creemos tenerlo todo claro y enseñar a otros… Quizá lo que se nos pide es que creamos, que nos fiemos. Poco más. Y el que cree se confía, hace de su vida una respuesta a quien es digno de ella.

Si quieres tener la seguridad de un maestro, posiblemente seas incapaz de soportar la inseguridad amable de quien es llevado por Dios. ¿No me creéis?, nos repite de nuevo hoy Jesús a cada uno de nosotros. Y siempre tenemos la oportunidad de renovar nuestra fe, nuestra vida y nuestra respuesta.

Vuestra hermana en la fe,
    Rosa Ruiz rmi

11/4/21

EVANGELIO LUNES 12-04-2021 JUAN 3, 1-8 II SEMANA DE PASCUA

                               

             Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios».

             Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».

REFLEXION:

Hoy, un «magistrado judío» (Jn 3,1) va al encuentro de Jesús. El Evangelio dice que lo hace de noche: ¿qué dirían los compañeros si se enterasen de ello? En la instrucción de Jesús encontramos una catequesis bautismal, que seguramente circulaba en la comunidad del Evangelista.
Hace muy pocos días celebrábamos la vigilia pascual. Una parte integrante de ella era la celebración del Bautismo, que es la Pascua, el paso de la muerte a la vida. La bendición solemne del agua y la renovación de las promesas fueron puntos clave en aquella noche santa.
En el ritual del bautismo hay una inmersión en el agua (símbolo de la muerte), y una salida del agua (imagen de la nueva vida). Se es sumergido con el pecado, y se sale de ahí renovado. Esto es lo que Jesús denomina «nacer de lo alto» o «nacer de nuevo» (cf. Jn 3,3). Esto es “nacer del agua”, “nacer del Espíritu” o “del soplo del viento...”.
Agua y Espíritu son los dos símbolos empleados por Jesús. Ambos expresan la acción del Espíritu Santo que purifica y da vida, limpia y anima, aplaca la sed y respira, suaviza y habla. Agua y Espíritu hacen una sola cosa.
En cambio, Jesús habla también de la oposición de carne y Espíritu: «Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu» (Jn 3,6). El hombre carnal nace humanamente cuando aparece aquí abajo. Pero el hombre espiritual muere a lo que es puramente carnal y nace espiritualmente en el Bautismo, que es nacer de nuevo y de lo alto. Una bella fórmula de san Pablo podría ser nuestro lema de reflexión y acción, sobre todo en este tiempo pascual: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Rom 6,3-4).

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

10/4/21

DOMINGO II DE PASCUA

        


            "Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén."

La Resurrección del Señor nos trajo una vida nueva, por la que él vive en nosotros por su Espíritu. Hay un llamado claro a creer, a abrir de par en par la puerta del corazón para que el inmenso don de la Reconciliación traída por Cristo, entre en la vida de cada uno de nosotros.

Cristo Resucitado, está con nosotros. Acompaña, con su poder, la marcha de la historia. El Señor Jesús está presente en la comunidad de los creyentes, en la Palabra de Dios, en el servicio fraternal, en el misterio y en la Eucaristía. Con fe, esperanza y caridad, vivamos la vida nueva que nos trae el Señor Jesús Resucitado.

EVANGELIO DOMINGO 11-04-2021 JUAN 20, 19-31

                                                 
            

     Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
      Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
       Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
       Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
     Es palabra de Dios

REFLEXION:

    Hoy, Domingo II de Pascua, completamos la octava de este tiempo litúrgico, una de las dos octavas —juntamente con la de Navidad— que en la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II han quedado. Durante ocho días contemplamos el mismo misterio y tratamos de profundizar en él bajo la luz del Espíritu Santo.
    Por designio del Papa San Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá que una devoción particular. Como ha explicado el Santo Padre en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados. «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.
    La Santa Madre Iglesia, que quiere que sus hijos vivan de la vida del resucitado, manda que —al menos por Pascua— se comulgue y que se haga en gracia de Dios. La cincuentena pascual es el tiempo oportuno para el cumplimiento pascual. Es un buen momento para confesarse y acoger el poder de perdonar los pecados que el Señor resucitado ha conferido a su Iglesia, ya que Él dijo sólo a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23). Así acudiremos a las fuentes de la Divina Misericordia. Y no dudemos en llevar a nuestros amigos a estas fuentes de vida: a la Eucaristía y a la Penitencia. Jesús resucitado cuenta con nosotros.

Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

9/4/21

SABADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

                                     

                                 "Oh Dios, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos, mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que, quienes han nacido por el bautismo, obtengan también la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén."
Dios, que con la abundancia de su gracia no cesa de aumentar el número de sus hijos, mira con amor a los que ha elegido como miembros de su Iglesia, para que, renacidos por el bautismo, obtengamos también la resurrección gloriosa.
El Señor Jesús Resucitado una vez más aparece a sus apóstoles, corrigiendo su incredulidad, y exhortándolos a salir por todo el mundo y anunciar su Evangelio a todas las personas.