23/12/21

EVANGELIO VIERNES 24-12-2021 SAN LUCAS 2, 1-14 NATIVIDAD DEL SEÑOR

 



Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.
Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.
También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
«No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

                                       Es palabra del Señor

 

REFLEXION

 Henos aquí ante el gran texto de la noche de Navidad. La Navidad de Occidente se ha expresado siempre en la “noche” por este relato primoroso; hemos de reconocerlo. El mundo no celebraría la Navidad sin esta narración, aunque sea en esa noche que antes del cristianismo era divino-pagana (era la celebración del solsticio de invierno y la fiesta del “sol invicto”) y ahora es divino-humana. Lucas, su creador, se ha cubierto de gloria como escritor y como teólogo, quizá no tanto como historiador. Hay muchas maneras de leer e interpretar el conjunto, que en realidad debería contemplar los vv. 1-21, pero la última parte se reserva para otro día del tiempo de Navidad, o para la misa de la aurora, donde se celebre. El conjunto narra e “interpreta” lo que significa el nacimiento de Jesús, el Salvador, el Mesías y el Señor en la “ciudad de David”. Los tres títulos que llenan de contenido el anuncio del cielo. Habría que decir muchas cosas desde el punto de vista exégetico y narrativo. Pero nos vamos a reducir a lo más esencial.

 El evangelio de esta noche está planteado en dos momentos. En el primero (vv.1-5) se muestra la autoridad del “César”, dueño del imperio, del mundo de entonces. Un “dogma”, un decreto suyo, moviliza a los oprimidos y esclavos de su autoridad y de su poder. Si analizamos lo que de histórico hay en todo esto, quizás no podamos aceptar cada uno de los pormenores de este relato. Pero entre esos “sometidos” estaban los padres de Jesús que tienen que “ponerse en camino”, que es una constante del evangelio de Lucas. Jesús antes de nacer ya está caminando, como cuando su madre va a visitar a Isabel. La elección de todo esto por parte de Lucas puede responder a la historia, pero sería lo menos importante el probarlo. Lo que verdaderamente nos debe llamar la atención es cómo el “dios” del mundo (Augusto era considerado divino, un dios) quiere “censar”, controlar, someter, hacer pagar tributo a todos los habitantes del mundo (oikumene). Y es eso lo que pretende Lucas que se considere como causa de un acontecimiento de gracia y salvación: la visita de Dios a los que no tienen derecho y libertad y, por lo mismo, al mundo entero, en contrarréplica al decreto y a la autoridad del “dios” de Roma (Augusto) que ha construido un imperio sobre la esclavitud y la injusticia.

 El segundo momento (vv. 6-14) quiere presentarnos al Dios de verdad, según Lucas. Las cosas van a ser bien distintas a todos los efectos: un grupo de pastores se van a convertir en “los emisarios” de la voz y el proyecto de Dios, lo que es verdaderamente extraño. Estos no tienen la autoridad de Quirino para llevar a cabo su cometido. Tampoco hay un “decreto”, un “dogma”, como en la primera parte, sino una “voz” celeste, la del ángel del Señor y la gloria (kabod) que los envuelve. Todo es demasiado irreal por el contraste que se representa. Se podía haber elegido unos emisarios más dignos del testimonio que habían de dar. La intencionalidad, pues, es kerygmática, se dice; proclama que Dios, cuando parece que todo está perdido para los sin ley, sin derecho y sin nombre, tiene una palabra que decir y visita a los suyos. Cuando María no encuentra “acogida” para dar a luz, el cielo muestra que nada hay imposible para Dios. El Salvador, el Mesías y el Señor ni siquiera tiene sitio en la “ciudad de David”. Cualquier letrado hubiera interpretado que la ciudad de David era Jerusalén, pero los ignorantes pastores aciertan con la otra ciudad de David, la verdadera, la primitiva, la que había perdido su rango y su historia. En el caso de la tradición primitiva recogida por Lucas es Belén, pero nosotros tenemos derecho a interpretar que Belén es más una ciudad teológica que histórica.

 Desde el cielo se les da un “signo” (sêmeion): “un niño envuelto en pañales y acunado en un pesebre (phatnê)” ¡Vaya signo! ¿Existe relación entre los títulos de quien ha nacido: Salvador (sôter), Mesías (christos) y Señor (kyrios) con este signo? ¡Desde luego que sí! Pero solo para quien tiene el alma y la conciencia de los pastores y los marginados, de los “sin poder”. Pues he aquí lo extraordinario y la grandeza de la noche de Navidad: se trata de signos muy humanos que hacen posible hablar de una noche divino-humana, como ya hemos apuntado. Nadie reconocería a un personaje de tales títulos en un niño empañado, que es lo primero que hace una madre cuando da a luz a su hijo. Para unos ignorantes y pendencieros pastores era muy poco para reconocer al Salvador y Señor. Y sin embargo no se equivocaron; lo humano es verdaderamente reconocible. La historia que comenzó desde la tiranía de un decreto, la convierte Dios, por obra y gracia de su decisión salvífica, en una historia de liberación y de amor. Dios, pues, está entre nosotros porque quiere divinizarnos a todos, humanizándonos. ¿Cómo? El himno de los ángeles, como colofón, lo deja claro: con el don de la paz que Dios entrega a los que ama; los que son objeto de su benevolencia. Efectivamente, navidad se escribe con la mano del Dios vivo y verdadero que sale a nuestro encuentro.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


22/12/21

EVANGELIO JUEVES 23-12-2021 SAN LUCAS 1, 57-66 IV SEMANA DE ADVIENTO

 




A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

                                  Es palabra del Señor

REFLEXION

Juan Bautista ha sido uno de los personajes que nos viene ofreciendo la liturgia a lo largo del Adviento como preparación para la celebración de la Navidad. Al fin y al cabo san Juan Bautista es para los cristianos el “precursor”. Así se presenta él.

Hoy el texto evangélico nos ofrece el nacimiento a Juan. Y la gran alegría de Isabel por, al fin, tener un hijo. El nombre que identifique al niño en la cultura semítica tiene más relieve que en la nuestra. Hay que discernirlo bien. Cuando Isabel dice que se llamará Juan, surge la sorpresa. Parece que no les dice nada a quienes les acompañan en la circuncisión. ¿Qué otro familiar o personaje así se ha llamado? ¿Qué quiere indicar sobre el desarrollo de la vida del recién nacido? Quedan más que sorprendidos o extrañados; en otras traducciones “sobrecogidos”. Un tanto asustados. El susto se amplía cuando Zacarías, el mudo, comienza a hablar. Y habla para bendecir a Dios, proclama el himno que llamamos Benedictus. Se respira en la escena algo que indica que lo acontecido es más que la felicidad por el nacimiento del hijo tan deseado por Isabel, que creía ya imposible. Aquí se siente la mano de Dios: “La mano de Dios estaba con él”. Y se preguntan: “¿Qué va a ser de este niño?”.

Hemos de ser capaces de sentir, de sentirnos afectados por algo más de lo que nos ofrecen nuestros sentidos o la costumbre, lo de siempre: hemos de ser capaces de sentir la novedad de los acontecimientos, dejarnos sorprender por ellos, captar la dimensión que los trasciende: en fin, ver en ellos la “mano de Dios”. Aunque lo que nos sugiera no sea lo seguro, sino lo misterioso, impredecible… Y preguntarnos ¿qué sentido tendrá esto que sucede, que me acontece? Es pregunta que nos engrandece, pues evita reducirnos a lo obvio, lo previsible y superficial. Es necesario hacerse preguntas, aunque queden sin respuesta de momento. Porque humano es formularse preguntas, ahondar en los acontecimientos, en la vida de las personas, aunque nos encontremos con el misterio, lo que nos rebasa. Como la Navidad. ¡Cuánto hay que ahondar en el acontecimiento del nacimiento de Jesús, para no quedarnos es lo trivial, superficial!

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


21/12/21

EVANGELIO MIERCOLES 22-12-2021 SAN LUCAS 1, 46-56 IV SEMANA DE ADVIENTO

 




En aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
“se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
“su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
“derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia”
—como lo había prometido a “nuestros padres”—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

                                Es palabra del Señor

REFLEXION

Aunque estemos a dos días de celebrar el nacimiento de Jesús, la liturgia de hoy nos presenta a María en la visita que hizo a su prima Isabel, que también llevaba en su seno a su hijo Juan.  Nos encontramos con el cántico de María, en el que canta las maravillas que Dios ha hecho en ella. Es un cántico donde María, que sabe lo que es el agradecimiento, expresa su profunda alegría ya que Dios ha hecho obras grandes en ella. Ni más ni menos, que la ha elegido para ser la madre de su Hijo. Tiene razón María al reconocer que a partir de ahora todas las generaciones la van a felicitar. Y así es, como lo demuestra el culto a María, desde ese momento en toda la iglesia el universal. María es ensalzada y a ella acudimos los seguidores de su hijo Jesús a rendirle nuestro filial  homenaje, y a implorarle su maternal protección, en nuestro trayecto terreno. Reconoce María que el Poderoso “hace proezas con su brazo, dispersa del trono a  los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Pero queda claro que por encima de todo, el Señor siempre se acuerda y tiene presente su misericordia con todos los hombres.    

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


20/12/21

EVANGELIO MARTES 21-12-2021 SAN LUCAS 1, 39-45 IV SEMANA DE ADVIENTO

 




En aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

                                    Es palabra del Señor

REFLEXION

Sorpresa y alegría… de esas que son profundas, que mueven interiormente todo el ser.
El Evangelio de Lucas también nos presenta dos protagonistas. Dos mujeres, creyentes… como tantas otras mujeres de fe. Sin embargo, ambas, a cada una lo que le correspondió, protagonizaron páginas profundamente significativas en la Historia de la Salvación, en nuestra historia.
María, la mujer feliz porque ha creído en lo que le ha dicho el Señor, feliz porque se cumplirá la promesa de Dios.
Y con María surgen varias preguntas claves, de esas que ofrecen luz, aunque muchas veces no sepamos la respuesta. ¿Qué significa creer en una promesa? Y cuando lo que vivimos nos confunde, no existe sentido ni coherencia… ¿cómo es posible seguir creyendo?
María creyó en Dios… y continuó creyendo en medio de las diversas situaciones en las que se fue encontrando, entre luces y sombras, haciendo camino… y en camino se puso a servicio de Isabel, su prima.
Isabel, la mujer que reconoció y percibió cómo el hijo que llevaba en sus entrañas reconocía al Mesías. La mujer que exultó de alegría con todo su ser. La mujer de edad avanzada que conoció la acción de Dios en María y también la fe de esta joven mujer.
Dos generaciones que se encuentran y reconocen mutuamente como agraciadas y bendecidas para que los “proyectos del corazón de Dios” se realizasen.
Sorpresa y alegría, ambas trenzadas en la fe y el amor. Y es desde esta experiencia vital, que nuestro ser despierta y se levanta para acoger la presencia solidaria de Dios entre nosotros. Y también, como no, comprometer la propia vida, siendo dóciles a los proyectos del corazón de Dios en las diversas circunstancias de la vida, encontrándonos y reconociéndonos como agraciados y bendecidos.

Hna. Ana Belén Verísimo García OP
Dominica de la Anunciata


19/12/21

EVANGELIO LUNES 20-12-2021 SAN LUCAS 1, 26-38 IV SEMANA TIEMPO ADVIENTO

 



En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

                                         Es palabra del Señor

REFLEXION

Este texto tan conocido del Evangelio de Lucas es la perfecta culminación de la profecía del Emmanuel. La Virgen María es la doncella humilde que espera con fe inquebrantable la Promesa mesiánica. Pero no en ella, por ella...Y duda y objeta, pero finalmente acepta y en y con ella cada uno de nosotros, el nuevo Israel, la Iglesia.

María es ciertamente el paradigma de este tiempo de Adviento. Ella vive en Esperanza el tiempo definitivo de Dios que le otorga su Gracia y la hace fecunda. Ella experimenta igualmente una singular Alegría porque Dios no ha olvidado a su pueblo y quiere compartir en ella y para nosotros una Vida Humana y Divina. Y ante todo, el Amor de un Dios Todopoderoso que por el Espíritu se hace entrañable criatura que de ella necesita para vivir y crecer, para amar como aman los hombres.

En María y con Ella nos sentimos bendecidos en este tiempo de Adviento y esperamos la Navidad en Belén y en nuestros hogares. Tenemos que agradecer profundamente que el Señor de Cielos y Tierras no solo nos visite, sino que venga para quedarse. Y para ello necesita de cada uno de nosotros, de que le acojamos no solo a través de las tradiciones entrañables de los encuentros iluminados, sino en los demás hombres, especialmente los que más le y nos necesiten para Vivir.

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


ESPERANDO EL NACIMIENTO DE JESUS

 






    En espera del nacimiento de Jesús, nuestro principal templo está siendo decorado apropiadamente para celebrar el gran acontecimiento que congrega el mundo cristiano y principalmente al mundo católico. El padre Misael, nos recuerda que la misa del día 24 se iniciará a las 21,00hrs. y las del día 25 a las 11,00hrs., desde ya invita a toda la comunidad parroquial a participar de estos magnos eventos. 

18/12/21

DOMINGO 19 : CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

 

Hemos ido recorriendo el camino de la espera mesiánica de la mano de los antiguos profetas como Isaías y Miqueas. Y hemos evocado los caminos preparados por el anuncio vigoroso del Bautista, que preparaba los caminos para que llegara la Esperanza.

          El cuarto domingo de Adviento ofrece a nuestra contemplación el tercero de los iconos: el de María de Nazaret, la madre de Jesús. Con toda la razón, la antigua liturgia hispana celebraba con solemnidad su fiesta principal el día 18 de diciembre.

          Las antífonas mayores que acompañan desde ese día el canto del Magníficat comienzan con un “Oh” de asombro inexplicable ante el Esperado que se acerca. Y la doncella de la esperanza pasó a ser reconocida por el pueblo como la “Virgen de la O”.

          El título popular no responde precisamente a la redondez de su vientre enfrutecido, sino a la admiración cósmica y humana que en sí recoge ante el misterio de la vida que lleva dentro. Como escribía San Agustín: «Dios se hizo vida en su vientre, porque antes se había hecho en su mente”.  (José Román Flecha).


EVANGELIO DOMINGO 19-12-2021 SAN LUCAS 1, 39-45 IV DOMINGO DE ADVIENTO

 




En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

                                         Es palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de Lucas relata la visita de María a Isabel; una escena maravillosa; la que es grande quiere compartir con la madre del Bautista el gozo y la alegría de lo que Dios hace por su pueblo. Vemos a María que no se queda en el fanal de la “anunciación” de Nazaret y viene a las montañas de Judea. Es como una visita divina, (como si Dios saliera de su templo humano) ya que podría llevar ya en su entrañas al que es “grande, Hijo del Altísimo” y también Mesías porque recibirá el trono de David. ¡Muchos títulos, sin duda! Es verdad que discuten los especialistas si el relato permite hacer estas afirmaciones. Podría ser que todavía María no estuviera embarazada y va a la ciudad desconocida de Judea para experimentar el “signo” que se le ha dado de la anunciación de su pariente en su ancianidad. Por eso es más extraño que María vaya a visitar a Isabel y que no sea al revés. La escena no puede quedar solamente en una visita histórica a una ciudad de Judá. Sin embargo, esa visita a su parienta Isabel se convierte en un elogio a María, “la que ha creído” (he pisteúsasa). Gabriel no había hecho elogio alguno a las palabras de María en la anunciación: “he aquí la esclava del Señor…”, sino que se retira sin más en silencio. Entonces esta escena de la visitación arranca el elogio para la creyente por parte de Isabel e incluso por parte del niño que ella lleva, Juan el Bautista.

 Vemos a María ensalzada por su fe; porque ha creído el misterio escondido de Dios; porque está dispuesta a prestar su vida entera para que los hombres no se pierdan; porque puede traer en su seno a Aquél que salvará a los hombres de sus pecados. Este acontecimiento histórico y teológico es tan extraordinario para María como para nosotros. Y tan necesario para unos y para otros como la misma esperanza que ponemos en nuestras fuerzas. Eso es lo que se nos pide: que esa esperanza humana la depositemos en Jesús. Pero es verdad que leído en profundidad este relato tiene como centro a María, aunque sea por lo que Dios ha hecho en ella. Dios puede hacer muchas cosas, pero los hombres pueden “pasar” de esas acciones y presencias de Dios. El relato, sin embargo, quiere mostrarnos el ejemplo de esta muchacha que con todo lo que se le ha pedido pone su confianza en Dios. Por el término que usa Lucas en boca de Isabel “he pisteúsasa”, la que ha creído, significa precisamente eso: una confianza absoluta en Dios. Si no es así, la salvación de Dios puede pasar a nuestro lado sin darnos cuenta de ello. María y Dios o Dios es María son la esencia de este relato. No es que carezca de su dimensión cristológica, pero todavía no es el momento, para Lucas, de conceder el protagonismo necesario a su hijo Jesús. Asimismo, el salto en el vientre de Juan también es primeramente por la “confianza” de María en Dios. Eso es lo que la hace, pues, la “hija de Sión” del profeta Sofonías.

 Porque hoy también hay una "hija de Sión" y una presencia de Dios en nuestro mundo: Es la comunión de los servidores, de las personas audaces, de los profetas sin nombre, de los que hacen la paz y de los que sufren por la justicia. Una hija o comunidad que supera los límites de cualquier Iglesia determinada y configurada como perfecta. Son como la prolongación de María de Nazaret ante la necesidad que Dios tiene de los hombres para estar cercano a cada uno de nosotros. De ahí que en el Cuarto Domingo de Adviento la liturgia expone el misterio de Dios a nuestra devoción. Y debemos aprender, no a soportar el misterio, sino a amarlo, porque ese misterio divino es la encarnación. Ello significa que la vida se realiza en conexiones mayores de las que el hombre puede disponer y comprender. La vida tiene cosas más profundas para que el hombre pueda gobernarlas, comprenderlas o producirlas a su antojo. Y es que todo lo que nosotros creemos que es lo último, en realidad es lo penúltimo; así nos sucede casi siempre. Y por eso es tan necesaria la fe. De ahí que, con toda razón, este Domingo propone como clave de vivencias la fe; fe en la encarnación, en que Dios siempre esta a nuestro lado, en que debe existir un mundo mejor que este. Y esa fe se nos propone en María de Nazaret, para que advirtamos que el hombre que quiere ser como un dios, se perderá; pero quien acepte al Dios verdadero, vivirá con El para siempre.

 El Cuarto Domingo de Adviento es la puerta a la Navidad. Y esa puerta la abre la figura estelar del Adviento: María. Ella se entrega al misterio de Dios para que ese misterio sea humano, accesible, sin dejar de ser divino y de ser misterio. Y por eso María es el símbolo de una alegría recóndita. En la anunciación, acontecimiento que el evangelio de hoy presupone, encontramos la hora estelar de la historia de la humanidad. Pero es una hora estelar que acontece en el misterio silencioso de Nazaret, la ciudad que nunca había aparecido en toda la historia de Israel. Es en ese momento cuando se conoce por primera vez que existe esa ciudad, y allí hay una mujer llamada María, donde se llega Dios, de puntillas, para encarnarse, para hacerse hombre como nosotros, para ser no solamente el Hijo eterno del Padre, sino hijo de María y hermano de todos nosotros.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


17/12/21

EVANGELIO SABADO 18-12-2021 SAN MATEO 1, 18-24 TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

 




La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrán por nombre Emmanuel,
que significa “Dios-con-nosotros”».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

                                                   Es palabra del Señor

REFLEXION

San Mateo nos cuenta en este pasaje la Anunciación a José. Su evangelio, está dirigido a comunidades de origen judío, en las que el padre tiene un papel primordial en la aceptación social del hijo. En esta Anunciación se afirma también el origen divino de su hijo: la criatura viene del Espíritu Santo, y su misión única entre todas, que proclama ya su mismo nombre: Jesús significa Dios salva. Y José, recibe el encargo de ponerle este nombre al Niño. Era este el derecho de todo padre, que significaba que lo recibía en su familia y lo reconocía como hijo suyo.

José tuvo que pasar una dura prueba. Lo que le hizo pensar en abandonarla en secreto. Porque la madre de Jesús estaba desposada con José. Pero el ángel le dijo: no tengas reparo. La relación que existía entre María y José implicaba un compromiso matrimonial estable, Y la ley de Moisés consideraba la infidelidad de la prometida una ofensa semejante a la infidelidad de una esposa.

Pero José era un hombre Justo, es decir, deseoso de conocer y cumplir la voluntad de Dios. El ángel se la reveló. Y su obediencia es presentada aquí como modelo de justicia para todo cristiano.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

16/12/21

EVANGELIO VIERNES 17-12-2021 SAN MATEO 1, 1-17 TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

 




Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

                                        Es palabra del Señor

 

REFLEXION

Mateo abre un camino genealógico de Jesús partiendo de la experiencia del resucitado en su comunidad: “libro del origen de Jesucristo”. Para quien no conozca nada o casi nada del contenido de la biblia, escuchar una serie de nombres que se remontan a millones de años, puede producir un rechazo y abrir un interrogante infranqueable.

Los antepasados de Jesús (algunos de ellos no son probables históricamente), nos descubren algo infinitamente extraordinario: son hombres y mujeres con historias en ocasiones gloriosas y en muchas otras vergonzosas, historias rotas y vidas manchadas, pero hombres y mujeres amados, guiados y acompañados por la mano providente de Dios; en su camino de luces y sombras han mantenido la antorcha de la fe de generación en generación.

Tres ideas trasversales que cruzan este texto: “Jesucristo hijo de David”, “José el esposo de María” y “María de la cual nació Jesús, llamado Cristo”.   Las tres convergen en un único centro: “el plan providente de Dios”. El mismo relato nos lo ha ido indicando: sin esa mano providente de Dios la historia de salvación habría quedado truncada desde su origen. El texto marca paulatinamente la historia de amor de Dios con su pueblo, de ahí que comienza indicando un origen personal, el de Jesucristo, y acaba el relato con una mención específica y muy singular, a sus padres “José, el esposo de María de la cual nació Jesús”.

Mirar y orar el texto con los ojos del corazón nos ayudará a volver la mirada hacia nuestra propia historia y la historia de la humanidad, con sus noches frías del invierno de la fe y los días claros de la esperanza sin fin, y percibir que es atravesada por la misma “Palabra providente de Dios”, palabra sanadora, fortalecedora,  providente y amorosa, palabra que embellece y confiere la paz,  palabra capaz de iluminar nuestros pasos con la presencia resucitada de Jesús para que aun en la incertidumbre de la oscuridad podamos escuchar en lo profundo del ser:  “que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre”. 

Sor Mª Ángeles Martínez, OP
Monasterio de la Sta Trinidad (Orihuela)