En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Jesús se hace presente a sus discípulos en el trabajo, en la vida corriente de todos los días. Ellos no lo reconocen, como nosotras tantas veces.
Cuando Jesús les pregunta por la pesca, reconocen claramente que no tienen nada, reconocen el fracaso de aquella noche de pesca.
Creo que son dos ideas muy importantes para nosotros: reconocerle en las acciones concretas de cada día y aceptar nuestras carencias y limitaciones.
Jesús no echa la red, encomienda esa tarea a sus seguidores y seguidoras, con alguna indicación. Quiere que sean sus discípulos los que echen una red grande. El hace eficaz el trabajo, con nuestra colaboración.
Pero no siempre nuestra forma de trabajar, nuestra actitud, nuestro interés, se orientan por la palabra de Jesús. Con frecuencia hacemos como Pedro: decidir el solo que se van a pescar.
El fruto de nuestro trabajo depende de nuestra escucha de la palabra de Jesús y de la puesta en práctica de eso que nos dice.
"Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis"
El evangelio termina con una comida compartida. Jesús Resucitado prepara la mesa compartiendo con la comunidad el pan y los peces.
Jesús Resucitado sigue actuando hoy también. Siempre nos prepara una mesa, siempre estamos todos invitados, sin distinción de ningún tipo, para recobrar fuerzas después del trabajo, donde podamos compartir alegrías, y la esperanza de construir un mundo más humano.
Ojalá sepamos invitar a comer, sin excluir a nadie de nuestra mesa y tengamos siempre “pan y peces asados” para regalar y compartir. Como Jesús.
Creo que el Evangelio nos ha hablado hoy de la vida de la comunidad. Y presenta una alternancia entre “dentro y fuera”; entre vida en común y actividad misionera. La presencia de Jesús es imprescindible tanto en la una como en la otra. La misión sin Él está destinada al fracaso.



