Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Palabra del Señor
REFLEXION
Con el evangelio de hoy termina el discurso parabólico de Mateo. En la parábola de hoy, Jesucristo compara el Reino de los cielos con una red, la cual representa a la Iglesia, donde entran peces buenos y malos. Es evidente que en nuestro mundo el bien coexiste con el mal y en nuestra libertad podemos escoger el uno o el otro.
Todos somos invitados a formar parte del Reino, a entrar en la Iglesia, pero cada uno entra o se excluye libremente, es decir, depende de nosotros acoger la gracia y la Palabra de Dios o rechazarla. Jesucristo nos recuerda lo importante que es vivir de acuerdo a lo que Él nos va enseñando y, como seguidores de Cristo, no podemos ignorar que el día en que Dios nos llame a su presencia habrá un juicio, donde Dios separará a los que vivieron según el evangelio de aquellos que rechazaron la vida evangélica.
Por eso, cada día que vivimos es una oportunidad que Dios nos da para amar, para perdonar, para entregar nuestra vida al servicio de los demás y del Reino, para convertirnos, para volvernos a Él y, sobre todo, para dejar que su gracia y misericordia nos transforme, en definitiva, para dejar que se haga su voluntad sobre nosotros. Éste es el camino de la felicidad, es el camino de la santidad.
Señor, concédenos vivir el hoy, que es lo único que tenemos, unidos a Ti, confiando siempre en tu misericordia, pero conscientes de que no todo vale, de que no todo da igual.



