Palabra del Señor
REFLEXION
¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? Estas preguntas retóricas de Jesús, lejos de suponer un cierto menosprecio a su familia y, sobre todo a María, su madre, lo que quieren significar es que, en relación con la primera lectura, solo la Fe y el Amor constituyen la verdadera familia de Dios y, por ende, debe ser también la base de la fraternidad humana querida por Este.
Y el mejor ejemplo es precisamente María, la Siempre Fiel, que dio un Sí incondicional a un Dios que le pedía no ya una fe inquebrantable, sino su propia vida y la vida de su pueblo, Israel. Con ella, en Ella Dios se hace presente entre nosotros de una manera nueva, increíble… El Dios Siempre Fiel se hace uno de nosotros y nace así una nueva familia, un nuevo pueblo «que hace la voluntad del Padre»
Jesús nos invita a la verdadera familia de los hijos de Dios, a la Iglesia, que construye el Reino desde una fraternidad inquebrantable que nace de la Fe y del Amor y va más allá de los lazos de sangre. Ciertamente es un exigente compromiso en el que no bastan solo nuestras fuerzas, pero también una consoladora esperanza.
TEXTO PARA LA REFLEXIÓN
«Mis pensamientos no son vuestros pensamientos», dice el Señor (Is 55,8). El mérito, no consiste en hacer mucho o en mucho dar, sino en recibir, en amar mucho. Se ha dicho, que «es mucho más dulce dar que recibir» (Hch 20,35), y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para sí la dulzura de dar, no sería delicado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo que quiera, la perfección consiste en hacer su voluntad, y el alma que se entrega enteramente a él es llamada por Jesús mismo «su madre, su hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguno me ama, guardará mi palabra» (es decir, hará mi voluntad) y «mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23).
(Santa Teresa de Lisieux... Carta 121)



