Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
Es palabra del Señor
REFLEXION
El capítulo 8 del Evangelio de Juan nos presenta cómo los judíos no entendían, o no querían entender, que Jesús realmente era el enviado de Dios, y mucho menos su faceta divina.
Él pretende demostrarles que es un reflejo del Padre, pero ellos se resistían a creerlo, a pesar de que les anuncia que lo buscarán para matarlo, y que ese será el pecado por el que morirán.
Les presenta la antítesis de arriba y abajo, del mundo o fuera del mundo, pero no lo entienden.
Les echa en cara que no entienden el “Yo soy” como signo del Dios Redentor, tal como se nos refiere en el libro del Éxodo en el episodio de Moisés ante la zarza incandescente. Les repite una y otra vez que es el Padre quien lo envía y da testimonio de Él, que todo lo que hace y dice lo ha aprendido de aquel que lo envía.
Jesús sabía que incluso sus propios discípulos no llegaban a entenderlo, y mucho menos aquellos que se aferraban a sus tradiciones y les costaba mucho comprender que el Reino de Dios estaba ya entre ellos.
Al decirles “cuando levantéis en alto” va incluida la cruz en la que Jesús va a ser glorificado y revelado como Hijo de Dios, y por lo tanto el “Yo soy” se cumple en Él.
Para comenzar a preguntarnos nosotros quién es Jesús, tendremos primero que indagar y descubrir lo que somos cada uno de nosotros, buscar en nuestro propio ser y preguntarnos ¿de dónde vengo?, ¿qué busco?, ¿a dónde pretendo llegar? Y con eso descubriremos primero la faceta humana de Jesús y al mismo tiempo su identidad divina.
Alcemos la mirada a la Cruz Redentora y descubramos a quien, por nosotros, se entregó hasta la muerte y con su Resurrección nos invita a seguirle incondicionalmente.
¿Nos esforzamos en buscar en Jesús de Nazaret su auténtica Divinidad? ¿O simplemente vemos la imagen de un hombre extraordinario un auténtico líder?



