31/1/26

DOMINGO 01-02-2026 CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 




Las lecturas de estos últimos domingos, lógicamente, nos trasladan a los comienzos del ministerio público de Jesús, iniciado después de su bautismo en el Jordán.

Hoy el evangelio nos lleva a los versículos inaugurales de la primera gran predicación del Nazareno según el evangelio de Mateo (a quien seguimos en este ciclo A del leccionario dominical). Se trata del texto de las Bienaventuranzas, que viene acompañado de otras dos lecturas con las que une bien a través del tema de la pobreza y la humildad como vías seguras, aunque sorprendentes, de felicidad presente y futura.

Sofonías pone ya sobre aviso de que solo (un resto) los humildes, los pobres y los que buscan la justicia, tienen porvenir en el proyecto salvífico de Dios: pastarán y descansarán y no habrá quien los inquiete.

Pablo pasa revista a la composición de los miembros de la asamblea de la comunidad de Corinto y subraya el hecho de que en ella no abundan los sabios, ni los grandes de este mundo. Paradójicamente, enfatiza, Dios ha escogido a lo débil, a lo que no cuenta, para anular a los grandes y humillar a los sabios.

Según esto, podríamos afirmar que una pregunta atraviesa la Palabra de Dios en este domingo: ¿Cuál es la senda de la felicidad verdadera según el Dios de Jesucristo? Es, no cabe duda, un tema importante y siempre actual que, por eso, conviene acoger y pensar en la novedad del momento que nos toca vivir.

Fr. Vicente Botella Cubells O.P.

Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

LECTURAS DEL DOMINGO 01-02-2026 CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.

                   Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Sofonías (2,3-3,13): El "resto" del que nace lo nuevo

 La primera lectura del día está tomada, en textos cortados, del profeta Sofonías , quien actúa en tiempos del rey Josías (640-609) y nos habla de un tema bien conocido: el “resto de Israel”, de una nueva comunidad. Precisamente la reforma que comienza este rey famoso de Judá, se cree que fue promovida, entre otros, por este profeta que percibe la necesidad de insistir en la justicia, atacando el sincretismo religioso o la idolatría cultual, así como los abusos de las autoridades. Pero él prevé que tras la crisis, incluso del castigo que adivina, el pueblo debe esperar la salvación. Y esta salvación debe llegar en un pequeño “resto”, el grupo que siempre se ha mantenido fiel a Dios.

 Describe este nuevo pueblo, este resto, como pobre y humilde, que no debemos entender en sentido espiritual exclusivamente, porque no podía ser esa la mente del profeta. Desde luego, el nuevo pueblo, como núcleo, no podía salir de los poderosos, de los ricos e influyentes, porque estos habían dejado a Judá en el mayor de los desastres hasta que el profeta anima al rey Josías para la reforma. Es verdad que a este pueblo pobre y humilde pueden pertenecer todos los que, con nuevos criterios, renuncien al poder y a la injusticia. Así, pues, el texto de Sofonías viene a preparar el mensaje de las bienaventuranzas, que es la clave de la Liturgia de la Palabra de este día.

 

IIª Lectura: Iª Corintios (1,26-31): Llamados desde la pequeñez

 La lectura es de 1ª Corintios plasma la situación social y humana de la comunidad de Corinto. Para poder entender adecuadamente el texto debemos suponer lo que precede, todo aquello que dice relación a la sabiduría de la cruz, a la locura con la que Dios quiere salvar el mundo, que se leerá en otro momento (1 Cor 1,18-25): no con poder, sino con lo que no cuenta, con el escándalo de la cruz. Pablo, pues, pretende refrendar esta teología suya con lo que él sabe de la comunidad de Corinto: no se han hecho cristianos los grandes filósofos y maestros, ni la mayoría de las familias pudientes; al contrario, se han hecho cristianos los trabajadores de los puertos, los de oficios bajos. Ese es el signo del camino con el que Dios lleva adelante su proyecto.

 La diatriba (1,20-25) con la que Pablo quiere enganchar a la comunidad le lleva de la mano a que esa comunidad sea capaz de enfrentarse a su propia realidad: ¿de dónde vienen? ¿quiénes son? ¿qué esperan? Y podrán constatar que no hay muchos sabios, ni entendidos, ni influyentes ciudadanos de la polis griega. En realidad la comunidad puede leer la realidad viva de su pequeñez, de lo que no cuenta en este mundo tan cruel. Por lo mismo, que no piensen desde las grandezas de este mundo. Su vocación, su llamada es lo que es y así lo ha querido el Señor. Y es eso lo que les debe enseñar que la “palabra de la cruz” es “poder de Dios” en la misma entraña de esta comunidad de origen sencillo y humilde. No se trata solamente de un planteamiento retórico, aunque este texto tiene mucho de “narratio”, sino de una realidad pura y dura. La “teología de la cruz” es lo propio del cristianismo y no puede pretender ser como otros grupos sociales en el mundo. Eso sería desvirtuar su identidad.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 01-02-2026 SAN MATEO 5, 1-12a IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

                      Es palabra del Señor

REFLEXION

 El primer gran discurso del evangelio de Mateo (5-7) es muy sintomático en la obra, por su estilo y por su significado, pues se trata, nada más y nada menos, que del Sermón de la Montaña. Hay una intencionalidad en presentar en esta “escuela judeo-cristiana” la predicación de Jesús en esos famosos discursos (los otros son: cc. 10; 13; 18; 24-25), que recuerdan los cinco libros del Pentateuco (la Torah judía). Pero ciñéndonos al texto de hoy, lo más relevante es el comienzo de este primer discurso por las famosas “bienaventuranzas”. Eso quiere decir –en continuidad con el texto elegido el domingo anterior-, que el reinado de Dios se asienta, pues, sobre las bienaventuranzas. No debe caber la menor duda. Son fórmulas clásicas de la tradición oriental y bíblica, como anuncio profético de cómo debe ser el futuro. Por lo mismo, como Dios quiere reinar desde su voluntad soberana, entonces debemos entender que en este texto se ha querido mostrar cuál es la voluntad de Dios en su “reinado”.

 Es casi unánime la opinión de que el texto de las bienaventuranzas procede del “Evangelio Q” como a algunos gusta llamarlo hoy. No podemos entrar ahora en detalles sobre Q, que está en plena actualidad a la hora de acercarnos a las fuentes del Jesús histórico. [Quiero citar dos estudios de síntesis muy al alcance de todos. S. GUIJARRO, Dichos primitivos de Jesús. Una introducción al “proto-evangelio de dichos Q”, Salamanca, 2004; A. VARGAS-MACHUCA (Coord.), La fuente “Q” de los evangelios, Reseña Bíblica, n. 43, Otoño 2004, Verbo Divino, Estella (Navarra), en estos dos estudios podemos encontrar información y la bibliografía de los últimos años]. Esto ha de valernos como referencia puesto que hoy están casi resueltos algunos pormenores: Q tuvo que ser un documento escrito; no eran simplemente tradiciones orales que tenían a mano los profetas itinerantes; a pesar de sus arameísmos, Q se escribió en griego; casi la totalidad de Q se conserva en los evangelios de Mateo y Lucas (se deduce de los 230 versículos en común de ambos evangelios); el orden original de Q está bien reflejado en el evangelio de Lucas y es ese orden el que se usa para citar técnicamente el contenido de Q. El texto de las bienaventuranzas lo tenemos en Lucas con un tono más escueto, dialéctico, radical. No tienen ese carácter interiorista, casi de virtud a conseguir, como en el caso de Mateo (Mt 5,3-11), sino que miran a la situación externa y social de lo que se ve con los ojos y se palpa con las manos. En el fondo se trata simplemente de describir dos ámbitos bien precisos: el de los desgraciados de este mundo y el de los bien situados en este mundo a costa de los otros. Lucas nos ofrece las bienaventuranzas en el contexto del sermón de la llanura (Lc 6,17), cuando toda la gente acude a Jesús para escuchar su palabra; no es un discurso en la sinagoga, en un lugar sagrado, sino al aire libre, donde se vive, donde se trabaja, donde se sufre.

 Es un discurso catequético; por lo mismo, Lucas estaría haciendo una catequesis cristiana, como Mateo lo hace con el Sermón de la Montaña (5-7). Entre uno y otro evangelista hay diferencias. La principal de todas es que Lucas nos ofrece las bienaventuranzas y a continuación las lamentaciones (no son maldiciones; viene del hebreo hôy y en latín se expresa con vae: un grito de dolor, de lamento, un grito profético) como lo contrario en lo que no hay que caer. Otra diferencia, también, es que en Mateo tenemos ocho y en Lucas solamente cuatro bienaventuranzas (Lc 6,20-23). Sobre su significado se han escrito cientos de libros y aportaciones muy técnicas. ¿Son todas inútiles? ¡No!, a pesar de que sintamos la tentación de simplificar y de ir a lo más concreto.

 En definitiva, el evangelio de Mateo (5,1-12), concretamente las bienaventuranzas, es la expresión de la mentalidad de Jesús de cómo debemos entender la llegada del Reino de Dios. ¿Son una utopía que propone Jesús, sin visos de realidad? Esa sería la respuesta fácil. No obstante, las utopías (lo que está fuera de los normal), no se proponen para soñar sino para vivir con ellas y desde ellas. La ética de las bienaventuranzas, pues, requiere nuestra praxis. Jesús habla así, no solamente porque soñaba, sino porque las vivía desde su propia experiencia personal y desde ahí sentía la fuerza de Dios y del evangelio con el que se había comprometido. Lo importante es su mensaje, que no puede ser distinto de algo así: Jesús piensa y vive desde el mundo de los pobres, y piensa y vive desde ese mundo para liberarlos. Así debemos entender la primera aproximación al mensaje de hoy. Esa es una realidad social, pero a la vez es una realidad teológica. Es en el mundo de los pobres, de los que lloran, de los limpios de corazón, de los perseguidos por la justicia, de los que hacen la paz, donde Dios se revela. Y lógicamente, Dios no quiere ni puede revelarse en el mundo de los ricos, del poder, de la ignominia. El Reino que Jesús anuncia es así de escandaloso. No dice que tenemos que ser pobres y debemos vivir su miseria eternamente. Quiere decir, sencillamente, que si con alguien está Dios inequívocamente es en el mundo de aquellos que los poderosos han maltratado, perseguido, calumniado y empobrecido. Y por ello ¿dónde debemos estar los cristianos? En el mundo del no-poder, que es el de las bienaventuranzas.

 Podemos añadir algo que nos parece muy pedagógico e imprescindible y que tiene que ver con la praxis misma de las bienaventuranzas. J. Mateos traducía la primera bienaventuranza de la siguiente forma “los que eligen ser pobres porque esos tienen a Dios por rey” y así lo plasma en su edición del NT. Lo justificaba (cf El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Cristiandad, Madrid, 1981) muy acertadamente, porque, en definitiva, no se puede ser “pobre de espíritu” o “en el espíritu” buscando simplemente una interioridad, sino que la opción por la pobreza frente a la riqueza es un reto frente a este mundo de competencia y de injusticia. Pero deberíamos decir, ya un poco fuera de la literalidad del texto y de la posibilidad de la traducción, que esta “opción” de “elegir” debe ser la tónica de todas las bienaventuranzas de Mateo. Y esto es lo que los cristianos deben “elegir” para ser solidarios con los que viven esas situaciones reales. Porque las bienaventuranzas de Jesús se inspiran en la situación inhumana que viven muchos hijos de Dios y es en ese mundo de las bienaventuranzas donde Dios se siente el Dios vivo, el Dios de verdad. Por eso los seguidores de Jesús debemos “elegir”, como opción radical, ese mundo de las bienaventuranzas para que la fuerza liberadora del evangelio cambie ese mundo.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

30/1/26

EVANGELIO SABADO 31-01-2026 SAN MARCOS 4, 35-41 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 




Aquel día, al atardecer, dice Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.

Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

Los discípulos están en tierra firme con Jesús. Mucha gente les sigue y acompaña. Están cómodos, seguros, protegidos. Son los discípulos del Maestro.

Al atardecer, cuando desaparece la luz, Jesús les dice “pasemos a la otra orilla”.

La inseguridad comienza a percibirse y sienten miedo. Les pide alejarse de “la zona de confort” para ir a “la otra orilla”, remando mar adentro en el evangelio. Pero temen pensar “de otro modo”, temen arriesgarse. Se sienten solos y surge la desconfianza.

Acontece la tempestad. Todo su mundo se tambalea y la barca parece anegarse y hundirse. No confían, se alejan de Jesús.

Jesús al otro lado de la barca recostado descansa en calma con la cabeza reposando sobre la madera, símbolo de su muerte. En sueños está en comunión con Dios donde no hay tinieblas ni zozobras.

Los discípulos se atreven a increparle “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”.

Ninguno fue capaz de confiar y tranquilizar a los demás, con el agravante de que el miedo les hizo dudar del poder de Dios en Jesús

Solo desde la confianza en comunidad, Dios puede actuar y trasformar nuestro mundo. 

En comunidad, confiando, nos hace ver “en la otra orilla” realidades más auténticas sustentadas sobre “roca” firme. Disipa las tinieblas a la luz de la Fe. Juntos, de su mano sentimos que nuestra barca ya no se hunde. Entonces nos llenamos de respeto y Temor de Dios

Pasemos juntos con confianza a la otra orilla de su mano.

Señor Jesucristo, haz que confiemos. Inúndanos de Fe. Abre nuestros ojos, como hiciste con los discípulos en la barca, para que juntos nos demos cuenta de tu presencia, disipando nuestros miedos y dudas.

 

Rogamos a Dios nos de un corazón nuevo para que nos dejemos trasformar por su misericordia.

Jesús, despierta nuestra conciencia y ayúdanos a confiar en ti en comunidad.

 

¿Cómo puedo dejarme trasformar por tu misericordia?

¿Cómo puedo profundizar en mi fe?

 Centro de Predicación Bíblico Pastoral

Centro de Predicación Bíblico Pastoral
Convento de San Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Centro de Predicación Bíblico Pastoral de los Dominicos de Villava en Navarra, España

29/1/26

EVANGELIO VIERNES 30-01-2026 SAN MARCOS 4, 26-34 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 




En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado

                          Es palabra del Señor

REFLEXION

Después del relato duro y desestabilizador de David, el Evangelio de hoy suena casi como un susurro, pero un susurro que dice una verdad profunda. David quiso controlar la realidad: controlar el deseo, las consecuencias, las personas, incluso la muerte. Y en ese intento de dominio, todo se fue desfigurando. Jesús, en cambio, habla de un Reino que crece precisamente cuando el ser humano acepta no tener el control absoluto.

La parábola del sembrador que duerme y se levanta mientras la semilla crece “sin que él sepa cómo” nos confronta con una tentación muy humana: creer que todo depende de nosotros. David cae cuando se coloca en el centro, cuando confunde su poder con un derecho. El sembrador del Evangelio, en cambio, cumple su parte, siembra, y luego confía. No vigila obsesivamente la tierra, no manipula el proceso. Acepta que hay un misterio que no le pertenece.

Este contraste es muy actual. Vivimos en un mundo donde quien controla parece tener razón: control de territorios, de recursos, de relatos, de personas. Lo vemos a diario en los conflictos armados, en el uso de la información que manipula, en sistemas económicos que aplastan al más débil para sostener privilegios. También en pequeño, en nuestra vida cotidiana, podemos caer en la misma lógica: controlar para no sentirnos vulnerables, imponer para no perder, tapar errores para mantener una imagen.

Jesús propone otra manera de estar en el mundo. El Reino no se impone como hizo David, no elimina al otro para sobrevivir, no acelera procesos a costa de vidas. Crece desde abajo, desde lo pequeño, desde una semilla casi ridícula como el grano de mostaza. Ahí está la gran inversión del Evangelio: lo que parece insignificante acaba dando cobijo; lo que no domina, transforma.

Este mensaje no es ingenuo ni evasivo. No invita a la pasividad ni a cerrar los ojos ante el mal. Invita a revisar desde dónde actuamos. ¿Desde el miedo a perder el control o desde la confianza en que Dios sigue actuando incluso cuando no vemos resultados inmediatos? David actuó para salvarse a sí mismo; el Reino crece cuando dejamos espacio para que Dios sea Dios.

En un mundo cansado de líderes que imponen soluciones rápidas e interesadas, y generan más injusticia, desigualdad y muerte, el Evangelio nos propone una paciencia activa. Sembrar gestos de justicia, de reconciliación, de verdad, aunque parezcan pequeños. Resistir la tentación de “arreglarlo todo” a nuestra manera. Creer que Dios actúa también en lo oculto, en lo lento, en lo que no hace ruido.

Quizá ahí, en ese gesto humilde, el Reino ya esté creciendo sin que yo sepa cómo.

 

Hna. Águeda Mariño  Rico

Hna. Águeda Mariño Rico
Congregación de Santo Domingo

Soy religiosa dominica nacida en Asturias, en la cuenca minera, y desde muy pequeña me formé y crecí en la fe desde la espiritualidad dominicana. Entré en la Congregación de Santo Domingo a los 17 años y con 19 años hice mi primera profesión. Profesionalmente soy trabajadora social, licenciada en Sociología y máster en Doctrina Social de la Iglesia. He vivido en varios destinos diferentes: Bogotá, Medellín, Valencia, Castell de Ferro (Granada) y Madrid. He ido realizando mi misión en varios ámbitos: pastoral, educativo, social, formación, espiritualidad, y también con diferentes servicios en mi congregación.

28/1/26

EVANGELIO JUEVES 29-01-2026 SAN MARCOS 4, 21-25 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
«¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?

No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también:
«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

En el pasaje de Marcos, Jesús utiliza la imagen de la lámpara para enseñarnos una lección fundamental: los dones que recibimos de Dios son tanto un regalo como una responsabilidad, es decir, un don y una tarea.

La pedagogía divina se revela a través de símbolos sencillos: así como una lámpara debe colocarse en un lugar alto para iluminar, nosotros también debemos dejar que la luz de Cristo brille en nuestras vidas, reflejando su amor y verdad.

En el Evangelio de Juan (8,12), Jesús se presenta como la luz del mundo. Nosotros, sus seguidores, estamos llamados a ser luz para los demás. La luz que emana de Cristo en nosotros debe ser compartida, y así reflejamos su vida y su amor a través de los dones que Él nos otorga.

Sin embargo, existen peligros que pueden obstaculizar nuestra luz. En el Sermón 293 de San Agustín, se reflexiona sobre la humildad de San Juan Bautista, quien comprendió que su misión era señalar a Cristo y temía que la soberbia pudiera apagar su luz, destaca que él "comprendió dónde tenía su salvación, comprendió que no era más que una antorcha y temió que el viento de la soberbia la pudiera apagar". Esta reflexión nos recuerda la importancia de la humildad y de no permitir que la soberbia opaque nuestros dones.

La clave está en que, al compartir nuestros dones, la gloria sea siempre para Dios y no para nosotros mismos. Así, como nos enseña Mateo, "alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". De este modo, nuestros dones se convierten en un reflejo de la luz de Cristo, y la gloria siempre pertenece a Dios. Por ello, es fundamental rechazar tanto la falsa humildad que oculta nuestros dones como la soberbia que los apaga.

Al final, en Marcos 4:25, se nos recuerda que "al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará", resaltando la importancia de compartir lo que Dios nos ha dado.

 

¿Qué obstáculos en tu vida podrían estar impidiendo que la luz de Cristo brille plenamente? ¿Qué acciones concretas puedes tomar para compartir los dones que has recibido y así dar gloria a Dios?

Sor Aroa González Solís Pampliega

Sor Aroa González Solís Pampliega
Monasterio de Santa Catalina de Siena. Alcalá de Henares. (Madrid)

He recorrido un camino lleno de dedicación en la vida contemplativa dominicana, dedicada al servicio, a la alabanza y la intercesión. Tras completar mis estudios, sentí la llamada al convento a los 20 años. Desde entonces, he dedicado mi vida desempeñando oficios como tornera, sacristana, encargada del trabajo y otras responsabilidades en la comunidad. Mi vida está marcada por la entrega, la escucha en el acompañamiento espiritual y un profundo compromiso con mi fe y el estudio.

27/1/26

EVANGELIO MIERCOLES 28-01-2025 SAN MARCOS 4, 1-20 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó, y el gentío se quedó en tierra junto al mar.

Les enseñó muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».

Y añadió:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.

Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».

Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

San Marcos sitúa estas enseñanzas de Jesús junto al mar de Galilea y una multitud de oyentes. Tiene delante gentes que han acudido a escuchar y sin duda con una gran diversidad de situaciones. A todos les pide que escuchen, no solo que oigan. La enseñanza se ofrece a todos y a cada uno y está dirigida a iluminar esa diversidad de situaciones. Quieren aprender y para ello es necesario prestar atención. La enseñanza, como la semilla, se entrega a cada uno en su realidad personal. Y esa semilla acogida y arropada, podrá germinar si respondemos al deseo del Señor.

Jesús tiene en cuenta esa diversidad, de ahí que señale la diversidad de disposiciones para acogerla y las consecuencias de una escucha sin compromiso. Está llamando a considerar, por parte de cada uno de los oyentes, cómo se encuentra en relación con dicha enseñanza. Identificar aquellas cosas, ocupaciones y preocupaciones que obstaculizan el desarrollo de la enseñanza.

Por eso termina la parábola diciendo: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. No se trata de complacencia con el discurso y el gozo inmediato. Se trata de acoger, retener, examinar y examinarse a la luz de dicha enseñanza para que pueda producir fruto y un fruto que dure.

"Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí". Acuden a él, por quien el Padre se revela, pero es necesario aprender. Los discípulos y los Doce le rodean y le preguntan por el sentido de las parábolas. La respuesta de Jesús pareciera ser excluyente: “A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”. Hay que dejar los prejuicios y abrirse para acoger, en cada momento y circunstancia de la vida, la enseñanza liberadora de Jesús. Es necesario reconocer que es él el que nos libera y capacita para dar fruto.

Necesitamos suplicar al Señor que seamos dóciles a la acción del Espíritu, porque será él el que nos recuerde, explique y mueva a acoger, contemplar y vivir la enseñanza de Jesús. Entender que no hay exclusión. Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.

 

¿Escucho de verdad o me limito a oír?

¿Me dejo iluminar por su palabra en diversidad de situaciones y circunstancias?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

Soy fraile dominico, nacido en Almería en 1950. Tras graduarme como Delineante Industrial, ingresé en la Orden de Predicadores en 1967 y fui ordenado sacerdote en 1974. He desarrollado mi labor pastoral y formativa en España y Venezuela, como maestro de novicios, prior en varias comunidades, profesor de teología y director espiritual. También he trabajado en la Pastoral Familiar y acompañado a jóvenes y laicos dominicanos. Actualmente soy párroco en Santa Escolástica de Granada. Me apasiona la investigación histórica, he participado en congresos y publicado varios trabajos y formo parte del Instituto de Estudios Almerienses.

26/1/26

EVANGELIO MARTES 27-01-2026 SAN MARCOS 3, 31-35 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

Este pasaje del Evangelio de San Marcos nos puede parecer desconcertante. Es como si Jesús no quisiera saber nada de su Madre y de su familia. Él está predicando a las gentes cuando le llega el aviso de que le buscan y su respuesta es una pregunta “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” para a continuación proclamar: “El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre”.

Cristo se nos está dando a todos, nos está haciendo miembros de su familia. Pero para eso debemos cumplir la voluntad de Dios. No es suficiente con querer, tenemos que hacer.

Siempre hablamos de la Iglesia como de la gran familia que somos con Cristo a la cabeza. Su Santísima Madre (que lo es nuestra desde el Gólgota) es un ejemplo de fidelidad y disponibilidad hacia Dios, siempre cumplió su voluntad aún en los momentos más difíciles.

Jesús nos hace ver que estamos unidos a Él a través del Padre, y lo mismo que San Marcos nos describe la escena con Él en medio de la gente, hoy sigue con nosotros (“Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”).

Tenemos que ser conscientes de que somos sus hermanos, miembros cercanos de su familia, como aquellos parientes que vinieron a buscarlo. Debemos hacer la voluntad de Dios para gozar de este privilegio, aceptar sus preceptos, cumplir sus mandatos.

De esta manera nuestra vida nunca lo será en soledad, siempre estaremos acompañados, viviremos en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia, ayudando a la misión evangelizadora que se nos ha encomendado y en la que, en los últimos años, tanto han insistido los Papas.

Tengamos siempre presente que Cristo está con nosotros, en medio de todos, y que el Padre será complacido si hacemos su voluntad. Que el Espíritu Santo nos ayude a aumentar nuestra Fe y a entender estas cosas.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Almagro)

Nací en Ciudad Real en 1960 y estoy vinculado a la Orden de Predicadores por la cercanía de mi familia a la Orden en Almagro con quienes recibí mi catequesis y mi formación adulta. Soy Licenciado en Derecho e Historiador del Arte y he sido Alcalde y Diputado Nacional. Ingresé en la Fraternidad de Almagro en 2010 y he realizado estudios bíblicos y sobre la figura de Santo Tomás. También he sido catequista en mi Parroquia y he impartido cursos a Hermandades y Cofradías.

25/1/26

EVANGELIO LUNES 26-01-2026 SAN MARCOS 4, 26-34 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

                 Es palabra del Señor

REFLEXION

Encontramos en el Evangelio que se proclama en este día dos parábolas que orientan a conocer en qué consiste el reino de Dios. Jesús es la misma sabiduría de Dios encarnada y no podemos imaginar a un maestro más docto que él, ni tampoco una pedagogía más adecuada que la suya. Usó constantemente parábolas, en el caso presente echó mano de ejemplos tomados de la naturaleza, para acercar a todo género de oyentes cómo podían captar la realidad del misterio «reino de Dios», presente ya en el mundo.

Utiliza la parábola de un labrador que esparce semilla en el campo y no se queda impaciente al pie del terreno para ver qué sucede de inmediato. Puede hacer una vida normal un día y otro día, puede dormir y levantarse. El sembrador, sin embargo, no se desentiende de la simiente, no la sembró sin poner en el acto un verdadero interés. Poco a poco, del grano depositado aparece sobre la superficie de la tierra una tímida yerba que va creciendo y se convierte en caña. Sobre el tallo se va configurando una espiga, siempre con lentitud, pero comparando una semana tras otra el progreso se advierte que el crecimiento es incesante.

Después de unos meses advierte el buen hombre que la espiga ha tomado forma, ha echado unas aristas protectoras, ha granado, se ha repleto de granos, de la misma especie del que ha quedado enterrado. Aquel grano no había desaparecido, pero se ha transformado y de él se han logrado unos frutos maduros y adecuados para la cosecha y, a su vez, para que sirva y se utilice de varias maneras. Todo ha sucedido a un labrador humano que no podía encontrar una explicación para lo que había sucedido.

¡Cómo nos hubiera gustado que, al pie de la parábola, hubiera recogido san Marcos la explicación del Señor! Sin embargo, es todo el Evangelio el que sale en nuestra ayuda para acceder al misterio. En el centro está Dios que, así como muestra su poder en la Creación entera dándole unas leyes siempre con una finalidad, ha dado una inteligencia al ser humano capaz de descubrir las leyes que rigen la naturaleza. Aquel sembrador de la parábola no se explicaba las leyes físicas relativas a la germinación de las plantas. Otros seres humanos sí han llegado descubrirlas.

Dios está en el gobierno del mundo y Dios se ha hecho hombre para explicarnos el misterio de la gracia salvadora que nos introduce en el reino de Dios. La gracia que Jesús nos merece se «siembra» en quien recibe la fe y se convierte por el bautismo en hijo de Dios, con una virtualidad intrínseca para «germinar», crecer, consolidarse, granar y madurar en fruto pronto para un destino que está más allá de los linderos del mundo.

Como bien sabemos, las parábolas acercan el misterio, pero ni las palabras, ni las imágenes, ni las narraciones pueden abarcar, ser completamente adecuadas a fin ajustarse plenamente al misterio, porque desborda por completo a toda definición.

A diferencia del labrador, Dios si sabe la eficacia de su gracia en nosotros, se explica perfectamente todo su desarrollo, los tiempos que necesita cada uno para granar. Sabe que su gracia está llamada a manifestarse en virtudes y dones de su Espíritu, ha de germinar y desarrollarse en obras de santidad.

La segunda parábola, la del «grano de mostaza» indica, sobre todo, que el reino de Dios crece desde lo más diminuto y ramifica para ser ayuda, apoyo y solidaridad con otras vidas. Dios se da todo, pero nuestra capacidad comienza por ser muy limitada. La correspondencia a la gracia de la fe va desarrollándose para acoger a muchos por medio de un amor que no tiene límites, impulsa a una esperanza que se apoya en la roca firme que es Dios. Fructifica en acogida, refugio, consuelo, compasión y misericordia. Agranda la pequeña vasija que contiene la gracia y, además, crece como Iglesia con vocación de universalidad.

Fray Vito T. Gómez García O.P.

Fray Vito T. Gómez García O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

Soy fraile dominico y me he especializado en teología e historia de la Iglesia. He sido docente en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia y he impartido cursillos, ejercicios espirituales y conferencias en diferentes países de Latinoamérica, Filipinas e Italia. Durante doce años fuí postulador de las causas de canonización de la Orden de Predicadores. Aunque estoy destinado en el convento de Santo Tomás, Sevilla, actualmente presto servicio en el convento de Santo Domingo, Torrente – Valencia. He nacido en las inmediaciones de los Picos de Europa (León), y siempre me ha gustado subir montañas, especialmente en León y Cataluña.