El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mi. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mi, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Es palabra de Dios
REFLEXION
Jesús, se dirige en esa ocasión solo a sus apóstoles, a los que quiere instruir bien en la buena noticia que ellos tendrán que predicar después. De entrada, algunas de sus indicaciones nos sorprenden, pero yendo al fondo de ellas vemos que están en la línea de Jesús.
Acoger a Jesús provoca división. “No he venido a sembrar paz, sino espadas”. Si el padre, la madre, la hija, la suegra… no acogen a Jesús, nos podrán en situación de estar en contra de ellos por estar a favor de Jesús, que es nuestro Dios y Salvador.
También Jesús se identifica con cualquier persona humana, de lo que se sigue que todo lo que hagamos a una persona humana él lo tendrá como hecho a él… y recibirá la paga correspondiente. “El que dé de beber, aunque solo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.