Lucas nos presenta el episodio de cuando Jesús vuelve a su tierra, Nazaret, y en la sinagoga, tras leer el fragmento de Isaías: “El Espíritu de Dios está sobre mi…” y confirmarles que la profecía se había cumplido en Él, es testigo de cómo la aparente sorpresa y admiración del principio, se torna escepticismo y crítica, pues ¿cómo era posible que el que habían conocido desde niño, y su familia vivía entre ellos, se había convertido en maestro y realizaba cosas sorprendentes?
Es lo que hace que Jesús les eche en cara que “nadie es profeta en su tierra” y les recuerda el milagro de Elías a la viuda de Sarepta y la curación de Naamán el sirio, por parte de Eliseo, lo que desató la furia de sus paisanos, queriendo, incluso, matarlo, pero Él se abrió paso entre ellos y se alejaba.
¡Cuánto nos cuesta reconocer las virtudes de los demás!, sin embargo, que fácil nos resulta el pregonar y difundir sus posibles defectos y, si cabe, agrandarlos.
¡Nos cuesta tanto valorar al prójimo…! Y más si es muy cercano a nosotros. Nos duele que alguien pueda destacar por encima de nosotros y pueda dejar en evidencia nuestra mediocridad.
El Señor nos pide un ejercicio de humildad, olvidarnos de nuestro “ego”, abrirnos a la escucha de la Palabra de Dios y seguir el camino que nos marca, y conseguir ser capaces de reconocer los méritos de cada uno, olvidándonos de nuestro egoísmo.
¿Estamos dispuestos a “reiniciarnos” y recuperar nuestra confianza en Dios?
¿Renunciaríamos a criticar a los otros para insistir más en la escucha de la Palabra de Dios?
¿Nos atrae el ser profetas para los demás?
D. José Vicente Vila Castellar, OPFraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)